Agosto

El octavo mes del año tiene para los colombianos características muy especiales que lo hacen merecedor de los mayores afectos.

Si se me permite elegir al mejor de todos los doce meses me quedo con agosto, incluso por encima de diciembre el que sin duda está arraigado con mayor fuerza en los corazones de la gente por el encanto de la navidad. Agosto, uno de los ocho meses del año que traen para los colombianos dos días festivos, es por excelencia el mes del verano y aunque el cambio climático tenga los ciclos atmosféricos totalmente cambiados sigue siendo el período en el que el cielo es más azul y el de menor pluviosidad en todo el territorio nacional de acuerdo con las cifras del IDEAM. Estas características lo convierten en un mes feliz, alegre y añorado.

Otra particularidad que lo diferencia de los demás es que agosto es «el mes de los vientos». Los cielos de la patria se engalanan con cometas y barriletes multicolores que enseñan el folclor de las diferentes regiones, ondean al son de nuestra música, unen las familias y divierten a chicos y grandes. Las esquinas y glorietas de las vías más importantes de las ciudades se visten también con los mismos colores del arco iris en una invitación al pasajero para que acepte las variadas ofertas que le ofrecen los artesanos y fabricantes que sueñan con hacer su «agosto».

El 6 de este mes la capital colombiana, Bogotá, celebra su aniversario de fundación y por tradición centenaria se llevan a cabo muchas festividades que pretenden exaltar la efeméride. También el 30 del mismo mes cumple años de existencia mi ciudad natal, Pereira. No recuerdo —fuera de estos dos años en que hemos sido azotados por la pandemia del COVID19— que los pobladores no festejaramos con alborozo el especial acontecimiento. Aunque las «Fiestas de la Cosecha» han perdido su lustre la alegría pereirana permanece intacta y aflora con ánimo especial durante los quince días previos a esta celebración.

El siete de agosto de cada año los colombianos celebramos el aniversario de la batalla de Boyacá que nos entregó la independencia definitiva, aunque debo agregar que aún no he logrado comprender porqué los padres de la patria han subvalorado esta fecha frente al 20 de julio.

Pero no todo es color de rosa para el mes que lleva el nombre de Octavio Augusto, el primer emperador romano quien reinó durante cuarenta años y lo bautizó con su nombre para exaltar que en él derrotó a Marco Antonio y a Cleopatra y entró victorioso en Roma (días después lo alargó de 29 a 31 días para realzarlo aún más). El 6 y el 9 de agosto se conmemoran las detonaciones sobre población civil en ciudades japonesas de las dos únicas bombas atómicas que la humanidad ha usado en un conflicto bélico. También se conmemora cada 3 de agosto la partida de Colón con sus tres carabelas y desde Palos de Moguer, en España, para «descubrir» América, aunque cada año que pasa crece en los corazones americanos un sentimiento de rabia que borra lenta pero paulatinamente el supuesto júbilo que otrora nos endilgaban y nos obligaba a celebrar esta fecha y la del 12 de octubre, día en el que Cristóbal pisó por primera vez el nuevo continente. La verdad es que fuimos asolados, saqueados y culturalmente avasallados. ¡Muy poco para festejar!

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