Alguien está “contra la empatía”

463.000 son los resultados que arroja Google Académico al hacer una búsqueda rápida de artículos y libros sobre la empatía. Estamos en la época de la empatía.

Pareciera que hay que ser empático con todos y con todo. A mi parecer es una época muy exigente emocionalmente, pues niega sentimientos y reacciones naturales a la condición humana e invita a tragárselos enteros y ocultarlos rápidamente en el cuarto del rebujo de la mente.

En medio del ambiente “hiperempático”, un hombre se atrevió a escribir en su contra, se trata de Paul Bloom, quien es su libro ‘Contra la empatía’ argumenta que esta es moralmente inapropiada, pues nos lleva a tomar decisiones desde la discriminación. Según Bloom, “muchos creen que la empatía salvará al mundo” e indica que, en la actualidad, cada problema social que se presenta tiene un diagnóstico seguro por parte de la mayoría: falta de empatía.

Se trata, pues, de la solución a los problemas cotidianos, pero hay quienes van más allá y aseguran que se trata de la solución a problemas estructurales: que hay mucha violencia, empatía; que hay mucho corrupto, empatía; que hay muy pocos ricos y muchos pobres, empatía. Así, la empatía se fue convirtiendo en una fórmula discursiva, en el argumento fácil, en la palabra más manoseada del presente, el “Mejoral” de este tiempo.

La empatía, dicen, es ponerse en los zapatos del otro, esta es su definición más popularizada, lo que significa que hay que abandonarse en lo que es el otro y sentir lo que siente ¿es posible? Según Bloom sí lo es.

A esta empatía la denomina empatía emocional que consiste en sentir el dolor del otro como propio, la rabia del otro como suya y la indignación del otro como si se hubiera expuesto personalmente a esa situación. Este tipo de empatía, explica el autor, es una empatía moralmente problemática porque nos lleva a tomar decisiones desde una sola orilla, por esto se trata de decisiones discriminadoras.

Fíjese en el paro actual: tenemos ataques de la fuerza pública y de los manifestantes. Ambos tienen defensores y contradictores. A unos los llaman asesinos, a los otros vándalos. Tanto los unos como los otros son llamados a ponerse en los zapatos del otro, a los manifestantes los llaman a ponerse en el lugar del policía que cumple su trabajo y defiende el país, y a los policías a asumir el lugar de quienes defienden los derechos que también son los suyos. Los dos argumentos se sustentan en la empatía, es decir, desde la capacidad que tiene quien los da, de ponerse en los zapatos de uno o de otro.

Pero ¿sí será la empatía la fórmula para salir de los problemas que nos aquejan o será una vana esperanza? ¿qué pasaría si en su lugar, empezáramos a ver el mundo desde el valor moral de la compasión? ¿Cuál es la diferencia? Que la compasión en mi mirada sobre el mundo y sus hechos, en cambio, la empatía (emocional) es sentir lo que otro siente ante experiencias que yo no he vivido ¿no es casi imposible?

Indica Bloom que hay otro tipo de empatía, la cognitiva, pero sobre ella conversaremos luego.

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