¡Bienvenidos, jóvenes, a la democracia!

La democracia en nuestro país tiene diversos matices, hay a quienes les gusta la democracia cuando es a favor de ellos, pero la aborrecen cuando los resultados no los favorece. Esto, precisamente porque en muchos casos no tienen nada de democráticos.

Vivir la democracia no se reduce solamente a temas electorales, vivir la democracia es comprender que existen otros puntos de vista, otras formas de ver el mundo y sus complejidades, y que cada uno ve soluciones diferentes. Ahora bien, esa “libertad” que nos permite vivir la democracia de opinar y hacer lo que queremos, no puede pasar por encima de las libertades de quienes nos rodean o piensan distinto a nosotros.

Esto lo menciono porque en medio de una reflexión comparativa entre la participación juvenil en el Paro Nacional 2021 y la elección por primera vez de los Consejos Municipales de Juventud nos va dejando conclusiones a manera de interrogantes en todos los sentidos, desde ¿qué pasó con los jóvenes que protestaron contra el gobierno nacional y los partidos que lo apoyan? Hasta ¿qué pasó con quienes vieron la oportunidad histórica de organizar un cambio profundo en las estructuras que nos gobiernan?

¿Por qué de las casi 3.200 listas de candidatos jóvenes se inscribieron más de 2 mil representando a los partidos contra los que protestaban? ¿Los que protestaron decidieron no participar en los CMJ? ¿Se hizo la pedagogía suficiente tanto con los objetivos del Paro Nacional como con las funciones que tendrán los CMJ en los territorios? Son solo algunas de las preguntas que nos hacemos quienes hemos seguido de cerca ambos procesos.

Lo complejo de dar las respuestas es que todas son válidas desde la perspectiva de la democracia, pues es respetable que miles de colombianos participamos decididamente en las históricas movilizaciones pacíficas como otros miles que no.

Lo que llama la atención es que otros no sólo no participaron sino que se dedicaron a señalar a quienes sí lo hacíamos, llevando tal asunto a los extremos que fueron muchas vidas arrebatas ante los oídos sordos del Gobierno Nacional y quienes lo apoyan.

Es aquí donde radica nuestro problema, muchos no tienen la capacidad de entender que las opiniones y acciones de los demás se deben respetar, por lo menos no traspasar el límite de las libertades y de lo íntegro para hacer valer nuestro pensar.

Luego de esta convulsión social en nuestro país se abre un nuevo espacio a la democracia, en esta oportunidad liderada por los jóvenes, y es acá donde se deben asumir posiciones o por lo menos se abre el debate entre lo necesario de la participación juvenil en la concertación, vigilancia y control de la gestión pública en los territorios y lo consciente de los jóvenes que hoy están inscritos como candidatos en su mayoría por partidos políticos, esto último no como algo negativo, siempre y cuando esos jóvenes tengan sus objetivos y funciones claras, que sepan para qué se van a elegir y que no terminen haciendo los mandados de los “viejos” jefes de los partidos.

La renovación no debe ser solo en edades, sino que se debe fundamentar en las ideas y las acciones, anhelamos que estos miles de jóvenes se armen de mucho valor, autonomía, sabiduría y firmeza para tomar sus propias decisiones, en defensa de sus principios y no de las ambiciones de quienes históricamente nos han gobernado. ¡Bienvenidos, jóvenes, a la democracia!

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