De cueva de estiércol e inseguridad a un centro deportivo

Observar la infraestructura del antigua Estación del Ferrocarril ubicada en la actual Universidad Autónoma de Manizales, nos lleva a recordar aquella época pujante de nuestro territorio donde las máquinas del tren trepaban nuestras montañas y generaban el desarrollo que caracterizó a esta región del país.

Allí existía un túnel que cruzaba desde la Estación del Ferrocarril hasta el sector de Cervantes, que con el paso del tiempo y producto de la desaparición del tren, dejó este túnel sin uso ferroviario, solo era útil como paso peatonal para quienes querían desplazarse desde el sector de la Autónoma hasta Ondas del Otún o el barrio Cervantes.

El paso del tiempo y la necesidad de mejorar la infraestructura vial de la ciudad, generó el desarrollo de un proyecto en el cual se usaría ese antiguo túnel para construir una vía que comunicara el sector de la Autónoma con Cervantes, pasando por debajo de la avenida Paralela.

De este proyecto de infraestructura nos queremos referir a esas planchas o losas que estaban ubicadas debajo de la avenida Santander y que sirven para darle soporte y estabilidad a ese puente. A esa estructura se le conoció popularmente como Terrazas de la Autónoma y para quienes cruzan por ese sector en el vehículo o a pie, podían observar esos espacios o huecos que quedaron allí y que desde la finalización de ese puente nunca se le dio uso útil para la sociedad.

Esas terrazas fueron una fuente de inseguridad, drogadicción e indigencia ya que encontraban allí las condiciones perfectas para realizar actos delictivos que dejaron que este sector fuera catalogado como uno de los más inseguros de Manizales.

A raíz de esto y como una necesidad de generar espacios para el deporte, la recreación y la actividad física, la Secretaría del Deporte en el 2016 emprendió la idea y proyecto de utilizar ese espacio como un centro de entrenamiento deportivo. Fue un camino difícil, lleno de obstáculos jurídicos que se fueron superando sin desfallecer y con la plena convicción de la importancia de sacarlo adelante no solo por el deporte, sino por la tranquilidad y cambio que le generaría a  la ciudad.

Una vez accedimos al lugar para iniciar las obras, encontramos un lugar lleno de hedor, suciedad y estiércol humano que daban del mismo como un sitio asqueroso y maloliente sumado al continuo paso de los jíbaros que llegaban allí buscando a sus habituales clientes y que, para desgracia de ellos, ya no estaban allí.

Es motivo de alegría ver este lugar lleno de deportistas como karatekas, gimnastas, porristas y boxeadores acompañados de sus familiares gozando de un espacio inundado de alegría y correcta utilización del tiempo libre. Es un ejemplo arquitectónico para mostrarle al mundo donde una estructura de un puente es usada como centro deportivo, lo podríamos llamar reciclaje urbano para el deporte o para la recreación, es motivo de orgullo, satisfacción y alegría cambiar un espacio lleno de estiércol por un centro deportivo que cambió la cara de un sector de la ciudad de Manizales.

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