El dolor de ser niño en Colombia

Hace pocos días recibí interrogantes por parte de varios conocidos que con estupor, indignación y tristeza me formularon en razón a mi condición de abogado acerca de cuál podría ser la consecuencia jurídica para la mujer que, al parecer, asesinó en el barrio San José de Manizales a su pequeña hija de dos años de edad.

Esas preguntas me llenaron de profunda tristeza al darme cuenta de que en Colombia la realidad de nuestros niños es desalentadora y dolorosa hace varias décadas. Lo peor y más aberrante es que parece que ese panorama pasará inadvertido sin conmovernos.

La guerra siempre se ha ensañado con nuestros infantes, quienes durante décadas han servido de carne de cañón de los grupos armados, niñas que les arrebataron sus muñecas para empuñar un fusil, mismas que tras ser abusadas y embarazadas forzosamente las obligaron a abortar.

Miles han tenido que continuar padeciendo sus vidas desde su corta infancia con sus cuerpos y almas mutiladas por el atroz flagelo de las minas antipersona, millares han tenido que dejar sus tierras desplazados para llegar a las infames ciudades donde la miseria, la prostitución, la mendicidad y la delincuencia común son el sino que les trazó la ignominia de la barbarie de quienes solo saben odiar.

Trabajo infantil forzado, secuestro, desnutrición, paquetes turísticos para extranjeros que incluyen sexo con niños puestos en vergonzosa evidencia internacional por las autoridades extranjeras y el culmen del horror aquellos “hogares” que se han convertido en la tumba y en el escenario del abuso sexual y de la violencia intrafamiliar donde quienes se esperaba fueran su refugio y sus brazos su amparo fueron sus verdugos.

Ahora, además los niños parece que ante la mirada indiferente de las autoridades y de la sociedad entera se convirtieron en instrumentos de mendicidad que incluso alquilan, por llamarlo de alguna mordaz manera, para ese miserable fin entre habitantes propios y migrantes.

Colombia es un país donde los males sociales son tan desproporcionados y aberrantes que se ha convertido en las últimas décadas en una especie de fenómeno donde llegan todas las organizaciones internacionales habidas y por haber a realizar informes y a presentar cifras que aparte de la vergüenza mundial lo único que pareciere generar en la sociedad dentro de la cual me incluyo es el lamento.

Nuestros niños merecen no solamente la preeminente atención del Estado y la concurrencia de todos sin excepción y ahora que se avecinan las elecciones esperemos que la niñez ocupe dentro de las propuestas de los candidatos un lugar serio que devuelva la dignidad a nuestra infancia, que no sean los niños solo instrumentos de los políticos para fotografiarse con sus bonachonas e hipócritas sonrisas en las habituales y trilladas fotos de sus campañas las cuales en 1,2,3… veo inundar las calles de nuestras poblaciones. Que no sea nuestra indiferencia la que nos convierta en verdugos masivos de nuestra niñez. Recordemos que alguna vez fuimos uno y que no sea que con ese niño tristemente se fue también la bondad

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