La crisis de los campesinos colombianos

A propósito del día del campesino, donde vimos gran emotividad en mensajes de redes sociales durante los primeros días del mes de junio, es importante aclarar que la situación de nuestros campesinos y la soberanía alimentaria del país no es tan “color de rosa” como se hace ver en los profundos mensajes de felicitación a quienes alimentan a gran parte de nuestro país.

La situación del sector agrícola colombiano es cada vez más preocupante con el aumento en las importaciones agropecuarias a nuestro país, consecuencia de los Tratados de Libre Comercio, TLC, que tiene firmados Colombia con varios países.

El reciente informe de la ONG Greenpeace asegura que Colombia importa el 30% de los alimentos que consumimos anualmente, lo que equivale a cerca de 14 millones de toneladas de alimentos que ponen en riesgo nuestra soberanía alimentaria, esto en medio de la complacencia de los gobiernos en los últimos 30 años, quienes han promovido acuerdos comerciales, donde claramente se ha visto afectada la producción nacional, pues no se establecieron políticas reales que permitieran a nuestros campesinos ser competitivos ante esa nueva realidad, y en ese sentido, hoy tenemos un sector agrícola que agoniza ante un complejo panorama que se profundiza aún más por la crisis social y económica que atraviesa nuestro país, incluso antes de la pandemia del COVID-19.

Según el Dane, a marzo de 2021 las importaciones del sector agropecuario presentaron un aumento del 41,1% en comparación con marzo de 2020.

La crisis que soportan los campesinos colombianos ha sido una larga agonía desde la apertura económica de Gaviria, pasando por los TLC de Uribe-Santos, hasta los últimos acuerdos comerciales aprobados en el Congreso de la República con Israel y el Reino Unido, además, de las recomendaciones de organismos como la OCDE, a la que Colombia ingresó recientemente.

La firma de TLC, bajo condiciones de desventaja para nuestro país agudizan el problema, porque no hay una preparación previa en los territorios que permitan consolidar un sistema agrícola tecnificado fundamentado en el desarrollo educativo, tecnológico, social y económico del sector rural en el país.

Urge que el Estado y la sociedad colombiana le den una mirada sostenida a la situación real del campo, donde tantos halagos a nuestros campesinos en redes sociales pasen a las acciones desde las que cada ciudadano puede contribuir al fortalecimiento de las economías locales de sus municipios.

Lo irónico de esta situación es que vemos a nuestros campesinos en los momentos de crisis en las carreteras y en ocasiones perdiendo lo poco que tienen en sus cosechas, pero no nos detenemos a analizar el trasfondo del abandono al que están sometidos en muchas partes del país, donde no existen ni servicios educativos, de salud y las condiciones para producir sus alimentos son cada vez más complejas por la poca inversión que se realiza en vías terciarias de algunas regiones, lo que aumenta los costos de producción y afecta gravemente la posibilidad de competir con campesinos de otros países.

Colombia rico en climas, diversidad, y gente con todo el ánimo de trabajar por su desarrollo está desperdiciando la oportunidad no sólo de fortalecer esa vocación agrícola sino de desarrollar técnicamente el campo y así poder proyectarnos competitivamente con mayores garantías ante los socios comerciales que hoy aprovechan nuestro atraso. Expuesto todo lo anterior nos preguntamos: ¿No tenemos cómo producir nuestros alimentos? o ¿No están las condiciones y la voluntad para que podamos hacerlo?

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