La gracia divina

Sentí una gracia divina que me envolvía con sus bellos pensamientos y me hacía recordar un legado, un legado que derramaron sobre nosotros nuestros antepasados y nuestras tribus indígenas.

Hace pocos días transitaba por el municipio de Riosucio, un milenario, ancestral y mágico lugar de nuestro bello país. Ubicado en el alto occidente del departamento de Caldas y reconocido por poseer 4 resguardos indígenas activos, que son propiedad colectiva, legado sagrado e imprescriptible de nuestros antepasados; orgullo constante y viviente de nuestro pueblo colombiano.

Allí, no aguanté las ganas de bajar de mi vehículo al borde de carretera, y así, admirar y disfrutar de una vista prodigiosa donde imponentemente se pavoneaba con majestuosidad el Cerro Ingrumá. Yo estaba sorprendido con su belleza y a pesar de haber pasado varias veces por su lado, nunca me había tomado el tiempo de disfrutarlo plenamente con tranquilidad.

Después de un par de minutos de observarlo y de tomarle un par de fotos, puedo decir que sentí algo muy especial. Sentí una gracia divina que me envolvía con sus bellos pensamientos y me hacía recordar un legado, un legado que derramaron sobre nosotros nuestros antepasados y nuestras tribus indígenas, tan ultrajadas, demeritadas y subvaloradas en estos tiempos.

Por este motivo, empecé a recordar tantos valores que vienen de nuestros ancestros y que poco a poco vamos olvidando en el mundo actual. Olvidamos que nos enseñaron y que traemos intrínseco en nuestro ADN el amor por la vida, por el ser, por nuestros recursos naturales; el respeto por lo autóctono, lo real y el valor genuino de los sentimientos. Sus enseñanzas trascienden generación tras generación y siguen intactas en tan solo una parte de la población que se siente orgullosa de sus raíces.

Mi invitación en este momento es que valoremos de nuevo nuestra esencia, que nos permitamos volver a nuestras raíces, que creamos en la fuerza y el coraje de nuestro pueblo colombiano para levantarnos de esta crisis; que como lo dirían nuestros ancestros con voz pausada y llena de sabiduría: “Quien cree, todo lo puede”.

Es el momento de replantearnos como sociedad, es el momento de tomar las riendas de nuestro país, es el momento de darlo todo como un pueblo lleno de bondad y poderío. Sé que suena soñador y poco probable en un país donde la envidia, la intolerancia y el interés, son el pan de cada día; pero déjenme decirles algo: ¡No es imposible!; no podemos rendirnos ante la responsabilidad de dicho proceso, necesitamos ciudadanos comprometidos con las causas sociales, líderes humanistas y pequeños héroes que sigan luchando a pesar del desagradecimiento;  porque como lo escuché en una intervención de un líder humanista llamado Yokoi Kenji: “El verdadero significado de gracia es DAR a quien no lo merece”. Espero que sigas teniendo la valentía de seguir dando gracia divina donde no se merece, pero se necesita innegablemente.

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