Lo que no está en la agenda de los medios, no existe

Según la teoría conocida como Agenda Setting, los medios de comunicación influyen ampliamente en su público a través de la decisión que toman sobre los asuntos que hacen públicos, el tiempo o el espacio que les dan y la importancia que determinan para ellos.

A través de la selección de la información, cada medio determina qué estará en el primer plano de la realidad social observada por sus audiencias. Lo que no está en la agenda, lo que callan los medios, no es asunto tratado por su público y casi, casi que desaparece.

Los medios de comunicación influyen en las conversaciones casuales que se dan en los encuentros con los amigos y vecinos, entre los grupos de jubilados y en los almuerzos familiares. Los asuntos que tratan con mayor despliegue se convierten en las preocupaciones de su público, quien da por cierto todo lo que sale en el medio de su interés, sobre todo, si tiene la mala costumbre de informarse a través de un solo medio o si, como un gran número de ciudadanos, no consulta medios alternativos a los más leídos, escuchados o vistos.

Dadas estas condiciones, las decisiones que toman los medios sobre qué publicar, a quién darle voz, no son tan inofensivas como se podría suponer. Estas decisiones están mediadas por intereses de todo tipo, sobre todo en un país como Colombia, donde los grandes medios están en manos de los principales grupos económicos que, como se sabe, tienen amplia influencia en todas las esferas del país: política, social, cultural. Estar en los medios es entrar a las casas de su público y sostenerse en su mente hasta que el medio decida que debe aparecer en sus contenidos.

Bajo estas circunstancias, sería ideal contar con un público que diera una mirada crítica a la información que se publica en los medios, un público que se saliera de la masa y que decidiera qué existe y qué no en su realidad y que para interpretarla consulte más de un medio, incluyendo a las pequeños, a los regionales y locales. Esta revisión ampliaría sus posibilidades para construir su propia visión de los hechos y decidir su propia agenda, en la que haga énfasis en la información que realmente le interesa según su contexto.

El consumo pasivo de los medios, a la larga, crea ciudadanos poco informados que toman decisiones bajo una visión sesgada y construida por los intereses de otros, decisiones tan importantes como a quién elegir para que dirija el país y decisiones cotidianas como sobre qué hablar en sus círculos sociales. Afortunadamente, el consumo mediático se ha ido transformando con el desarrollo de las nuevas tecnologías que han dado mayor acceso a los distintos medios, grandes y pequeños, y algunos ya incorporaron en su rutina diaria revisar, al menos, las temáticas de varios de ellos.

Contar con públicos educados en el consumo, participativos y críticos, es una ganancia para todos: por un lado, los medios se verán en la obligación de replantear su manera de decidir sus contenidos, por el otro, los ciudadanos estarán fortalecidos para la toma de decisiones sobre lo que ven, escuchan o leen en los medios y en su vida cotidiana. Es necesario que los medios con mayor consumo en el país, aborden asuntos de verdadero interés general que aporten al desarrollo de las comunidades y abandonen la visión centralista a la que nos tienen acostumbrados.

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