Once Caldas por poco en la B

Es indudable que el fútbol es un deporte que mueve pasiones, amores, odios, conflictos o debates que giran en torno a la imagen de una ciudad o localidad, que afectan comunidades, que llenan de orgullo al ganar y  dolor al perder.

Es lo que Manizales y el departamento de Caldas sienten con el Once Caldas, un equipo con una larga historia y con muchas historias por contar. Así ocurrió con el equipo de primera C del año 1996, un año donde existía el ascenso y descenso, una época donde el campeón de la categoría C ascendía a la  categoría B, codiciada y ambicionada por muchos por lo que representa el valor de una ficha profesional y el prestigio de promover jugadores en el profesionalismo.

En ese año nació un proceso soportado con la decisión de priorizar jugadores del departamento de Caldas en las divisiones inferiores, asesorados por Alfonso ‘El Petizo’ Núñez y trabajados con la capacidad formativa de Sergio Trujillo y Ferry Marín, quienes tenían la responsabilidad de entregar talentos a la primera C del Once Caldas dirigida por   Joaquín ‘Paco’ Castro y Martín Quintero, señores profesionales todos, ¿y saben qué? así muchos no lo crean, profesionales de Manizales.

En el torneo de primera C participaban más de 1.000 equipos de todo el país que iniciaban su eliminación en sus departamentos para luego clasificar a regionales con muchos equipos,  mucho sacrificio y mucha competencia.

Allí estaba la primera C del Once Caldas con pocos recursos, pero con una calidad de planeación  que permitió avanzar en la competencia fase tras fase, tal vez padeciendo  del desinterés de directivos, alguna prensa y gran parte de los hinchas; sin embargo, ahí estaban esos muchachos jugando por su equipo de primera C del Once Caldas, avanzando en cada una de las interminables y eternas fases, apoyados por la buena estructura de base, quienes desde una gerencia deportiva conformaron un proceso en el que se dotaban de lo que sobraba del equipo profesional, pero que era suficiente para dominar las competencias locales y despertar el sentido de pertenencia de jugadores y cuerpo técnico no solo de la primera C, sino de todas las divisiones inferiores.

Tal vez muchos no lo crean, pero es real, la primera C del Once Caldas jugó las finales del torneo de primera C en el año 1996. Allí estaba el Blanco listo para disputar un cupo para la primera B mano a mano con el Deportivo Pasto, La Equidad y Cooperamos del Tolima. Para las finales sucedieron una serie de hechos que valdrá la pena otra columna, pero que por ahora me quedo con dos preguntas, la primera ¿Qué sería de Manizales en la actualidad con dos equipos profesionales? y la segunda ¿Quién dice que en Manizales no hay procesos, no hay jugadores y no hay buenos profesionales?.

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