#ElContranálisis | Deportes Quindío, entre ángeles y demonios; un trato de segunda

A finales de junio pasado la hinchada del cuadro cafetero llegó al cielo, al confirmarse su regreso a la primera categoría, luego de más de siete años en la B. Ahora, solo cinco meses después volverá a ese infierno, en el que su dueño, Hernando Ángel, no quiere que salga.

No valió que la hinchada respondiera y se agolpara alrededor del Deportes Quindío cada vez que su casa era el estadio Centenario de Armenia. Ni la pandemia impidió que sus verdaderos seguidores estuvieran acompañando al equipo en la primera categoría.

No valió que la confianza de varios espónsores le hayan dado su apoyo como una muestra de respaldo a una institución que regresaba a su casa, de la que no debía salir.

No valió que se tuviera en el banco técnico a un experimentado y serio estratega como lo es Óscar Héctor Quintabani, el tres veces campeón del Torneo Profesional Colombiano con Pasto y dos con Atlético Nacional.

No valió que la gente gritará “¡vamos Quindío!” y demostrara que quiere a su equipo, porque los ojos de su dueño, desde la lejana Cali, nunca han visto más allá de sus narices, o mejor, de su lucrativo negocio, en detrimento de una institución que está ávida de hacer historia.

Y no valieron las oraciones de los hinchas, que hasta el pasado domingo oraban por un “milagro” y cortar de tajo lo que se rumoraba en los debates apasionados y acalorados del fútbol quindiano: que Ángel quería que el equipo volviera a la B.

Pues bien, eso se hizo realidad, y cinco meses después de su ascenso a finales de junio pasado, el Deportes Quindío retorna a la B, dejando atrás su efímera aventura de la primera categoría y la ilusión de seguir vibrando con los duelos ante los más encopetados del balompié nacional.

Solo cinco meses duró esa invitación a la fiesta y al igual que el Atlético Huila, los cafeteros volverán en 2022 a los partidos del torneo de la B, ese que le agrada al señor Ángel y que pareciera no se esfuerza por superar, pues según dicen los expertos, los gastos se reducen en comparación a estar en la A.

Los demonios de Ángel van desde los rumores de pagar nóminas bajas, no contratar refuerzos sino mostrar a sus jugadores que promueve en sus equipos de la B y que salen de su academia en el Valle, hasta la poca importancia que le da a la hinchada del Deportes Quindío, la cual menosprecia y nunca atiende.

Por años, el señor empresario ha “vendido” gracias a la vitrina que le da el Deportes Quindío a más de una decena de jugadores, como William Tesillo, Damir Céter, Gustavo Torres, Jaine Steven Barreiro, entre otros, con lo cual ha facturado miles de millones de pesos en transferencias, de los que nada ha reinvertido en su cuadro para refuerzos o mejorar las condiciones de sus deportistas.

Mezquino es el demonio como lo es el señor Ángel con una ciudad, un equipo y una hinchada que sueñan con ser grandes, y que solo entre 2014 y 2018 tuvo “ingresos por 39.874 millones de pesos, principalmente, obtenidos de transferencias de jugadores y derechos de televisión”, dijo el periodista Gerardo Andrés Nossa en un informe titulado “La B, una mina de oro para el Deportes Quindío”, y que fue publicado en julio de 2020 en el diario El Espectador.

Allí, también se reveló: “El dirigente explicó que existen 25 equipos categoría A y 11 categoría B, y el Deportes Quindío, por ser socio tradicional e histórico, es categoría A pese a estar en el torneo de ascenso. Los 25 equipos categoría A, jueguen en la liga o el torneo de ascenso, reciben la misma cantidad de dinero, eso es algo como el 3,6 % para cada uno, mientras que los 11 categoría B se llevan el 0,77 %… En plata blanca es algo así como que los grandes, los que más invierten para buscar el éxito deportivo y que además marcan el rating televisivo: Nacional, América, Millonarios o Junior reciben el mismo dinero que un equipo como el Deportes Quindío, que cumple siete años en el torneo de ascenso sin inversiones significativas”.

El negocio de Ángel es recibir dinero de la Dimayor, que por ejemplo en 2018 por derechos de TV y auxilios, le giró al Quindío, un equipo de la B, 5.082 millones de pesos, y que entre 2014 y 2018, la suma ascendió a 18.710 millones de pesos, desveló Nossa, quien agregó que a ello se suman las transferencias de jugadores y una nómina barata.

“Ángel Montaño, un empresario que tiene buen ojo para los jugadores jóvenes y que siempre se ha movido bien en las altas esferas del fútbol, especialmente con la Federación y sus seleccionadores juveniles, negoció en 2014 la suma de 1.996 millones de pesos; en 2015, $2.361 millones; en 2016, $5.650; en 2017, $4.395; y en 2018, $ 4.476 millones, sin contar el dinero que entró por el mecanismo de solidaridad de la Fifa”, contempló el informe de El Espectador.

Y sobre la nómina recalcó: “Haciendo un promedio sencillo, esto indica que la nómina cuesta unos 2.500 millones de pesos al año, lo que se traduce en que jugadores, técnico y sus ayudantes cobran, entre todos, menos de $210 millones al mes, una cifra muy por debajo de lo que realmente podría pagar el equipo cafetero teniendo en cuenta sus millonarios ingresos”.

“Para ser exactos, los gastos en nómina se presentaron así en los últimos cinco años. Tras el descenso en 2013, los dirigentes invirtieron 2.064 millones de pesos en 2014; $1.817 millones en 2015, $2.345 millones en 2016, $2.847 millones en 2017 y $3.183 millones en 2018. Un equipo barato con el que no se ha logrado el ascenso, aunque sí exitosos resultados financieros y empresariales”.

Esa es la clave del negocio de Ángel: recibir los giros de la Dimayor, entre ellos los de derechos de televisión, las transferencias de jugadores y contar con una nómina barata, sin figuras y con técnicos que se sometan a jugar con lo que hay. Por ello, en este fugaz paso por la A, Quintabani no exigió y Ángel no reforzó el equipo y la nómina se quedó corta, de allí los resultados de un equipo que está diseñado es para jugar en la B.

Inquieta que un técnico como Quintabani, con la experiencia y peso que tiene en el fútbol, no haya sentado su voz, y ahora queda para la historia como el estratega que subió el Quindío a la A y lo descendió cinco meses después, algo para nada vistoso en su palmarés.

Ya solo queda el partido contra Tolima, el de la despedida de la A, y no valió que la afición haya respondido en taquilla, el lunar que se tenía… y ahora, además de las ganancias por otros rubros, en este paso por la A, Hernando Ángel debe estar sumando los billetes que ingresaron por los buenos aforos que se reportaron en el semestre.

A partir de 2022, el equipo volverá a los juegos de la B, quizás sin Quintabani pero sí con el mismo máximo accionista, al que no le vale nada y siempre le da un trato de segunda al Deportes Quindío, su equipo, porque claro está que no es de los quindianos.

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