#ElContranálisis | Rueda: ¡Uruguay es el real rival directo!

Venga… Desde cuándo el fútbol es una ‘ciencia’ y desde cuándo algunos se ‘rasgan las vestiduras’ con esos conceptos del 1, 4, 4, 2; 1, 3, 4, 2, 1; o 1, 3, 5, 2, 1…, posando de estrategas. ¡Pues no y sí!, el fútbol es un juego, ese mismo que en 1970 rompió Mario Zagallo y que nadie ha podido replicar porque él puso a cinco ’10’ en una misma nómina y se coronó campeón del mundo, para disfrute del planeta, confirmando que ¡no hay estrategia, solo fútbol!

El fútbol no es una ciencia es talento, es magia, es un juego, es disfrute… Y por ello de él muchos se enamoran de por vida. Sí, la estrategia vale, pero cuando usted tiene a Jairzinho, el ’10’ de Botafogo, que se ajustó a la banda derecha y marcó en los seis partidos del campeonato 7 goles; o Gerson, el ’10’ de Sao Paulo, que retrasó su posición para convertirse en el verdadero organizador del equipo; o Tostao, el ’10’ de Cruzeiro, que se convirtió en el verdadero delantero centro; o el único y real ‘rey y dios’ Pelé, el ’10’ del Santos, que jugaba a su antojo, pero más adelantado que en su club; y un desequilibrante Rivelino, el ’10’ de Corinthians, que se acopló a la banda izquierda con menos presencia de la habitual en el juego, como bien lo relató www.as.com en su nota ‘Del Madrid de las cinco Copas al Brasil de los cinco ’10’ ‘, la estrategia solo se queda en el papel, y con el Brasil de 1970 se demostró.

Risa da de aquellos analistas que hablan del fútbol como una ciencia, quizás atizados o patrocinados por las decenas de cuentas o de plataformas de apuestas en línea que se promocionan antes o en los mismos cotejos y que parece son las que pretenden ser una ciencia, la de las probabilidades, y que quieren marcar una tendencia, una estrategia, solo para captar los réditos de incautos apostadores.

Pero lejos de eso, y por si no lo saben, y este es un dato revelador: un jugador de fútbol es eso, un jugador de fútbol, y si el talento lo tiene la ‘pecosa’ lo busca, por lo que independiente del lugar en que se ubique en el campo, el jugador de fútbol se hace visible y el balón lo busca y con suavidad y talento lo hace jugar. Y sí, para aquellos pragmáticos, hay posiciones, pero cuando se sabe con la pelota, eso ya es una ventaja.

Para quienes han jugado fútbol, y no a nivel profesional, sino barrial, en la calle, en las canchas de tierra, o en las modernas sintéticas, saben que el resultado es incierto, así se haga parte del equipo menos dotado para ganar. Son 11 contra 11, o 5, o 7 o 9, pero todos iguales, así que para ganar hay que luchar. Bueno, cuando se quiere el fútbol y la competencia, porque si es otro el propósito, ahí sí no se sabe, y en eso entra el manto oscuro de las apuestas, las que quizás manejan, como ya se vio en Italia, un mundo que no debería ser maculado y las cifras son inciertas.

¿Y sí eso pasa en el simple juego de barrio, digo en la defensa sana de su selección, se imagina lo que puede pasar cuando usted se estampa la camiseta de la ‘Tricolor’?

De ahí se desprende que cuando muchos, de los 50 millones de colombianos, que sin ser futbolistas o deportistas se ponen la camiseta de Colombia en un partido de la selección, se ‘transforman’ para dar todo por esos tres colores, y que agotan hasta la última gota de energía para que ese balón infle la red.

Por eso, no menos se espera de aquellos que tienen el ‘honor’ de lucir lo que muchos nunca podrían tener… Esa amarilla aferrada en un partido de la selección Colombia contra cualquier similar, pero que otros parecen subestimar, y que sea defendida hasta la victoria.

Y sí, hace un año perdimos 6 puntos, ante Uruguay y Ecuador, en un momento insólito, porque Colombia venía bien. En Barranquilla, los de Tabarez, los del Mar del Plata, nos metieron 3, y luego unos ecuatorianos, sin ser superiores, nos golearon 6-1, cifras que aún nos pesan.

Eso pasó por una razón: sacar a Carlos Queiroz, en aplicación a una asquerosa ‘estrategia’, liderada por un minoritario grupo de jugadores de la absoluta, y que se impuso por encima de quienes buscaban disciplina y respeto, eso que por años no ha podido entender un inflado ‘grupo’ de jugadores que solo ve el fútbol como una caja registradora.

Eso mismo nos pasó en USA 94, Francia 98, Corea 2002, Alemania 2006 y Sudáfrica 2010… y que nos sigue pasando, porque más que representar a un país y a un fútbol, primero están los incentivos, como si ellos fueran pocos.

Luego de Brasil y Argentina…

Pero volvamos, sin apasionamientos al contranálisis… Uruguay no nos deja ganar hace 48 años en su patio, es decir que luego de Brasil y Argentina, los uruguayos son de verdad nuestros rivales.

Pero de qué nos preocupamos: del 500% de aportar, según Rueda; de estar concentrados, de la estrategia, de Suárez, de Cavani, de los laterales, de dominar en el medio, o de generar juego o de tener el balón… ¡Vaya!, ha habido centenares, como el estadio de Montevideo, el Centenario, así como el de Armenia, de análisis y de pronósticos, cada uno con una entonación de sentencia.

Insisto, ¡el fútbol no es una ciencia! Hay que jugarlo, y como en los horóscopos, habrá los ‘afortunados’ que le dan al pronóstico, es decir a uno que es el más lógico: o se gana, se pierde o se empata… ¡Y ahí no hay nada de extrasensorial!

En cualquier juego hay momentos en que se juega bien, mal, regular o sencillo, pero si usted tiene a un mago, como Pelé, Garrincha, Rivelino, Di Stéfano, Tostao, Jairzinho, Cruyff, Beckenbauer, Maradona, Rivaldo, Ronaldinho, Ronaldo, el ‘Fenómeno’, o Messi o Cristiano, pues más oportunidades tiene de hacer magia, o de ganar.

Uruguay es nuestro rival directo, y hay que ganarle, así como nos quitó esos puntos en Barranquilla, hay que dejar de tanta metodología, de papelitos en medio del partido, de excusarse por no ganar, de aguantar cambios; de falsa modestia hasta con Bolivia; de buscar alternativas para la nómina en las líneas, menos si se ha analizado el rival por años; y de tanto cuento estratégico, solo hay que jugar y ganar… ¿O es que de eso no saben o ambicionan nuestros jugadores si esto es un juego competitivo?

Respetando a esos legendarios mundiales, tenemos en estos momentos a una generación que se destaca y que se foguea en las mejores ligas del mundo: Ospina, Cuadrado, Díaz, Dávinson, Mina, Duván, Roger y más, por lo que la competitividad no es menor a otras selecciones.

Sí, no solo juega Colombia sino también Uruguay y estamos en déficit, porque el fútbol se gana es con goles, pero si nos vamos con los comentarios lógicos de nuestro ‘míster’ como ya le dicen algunos avezados parroquiales: “Vamos a disputar tres partidos en siete días, en diferentes sedes, con la ventaja de jugar dos de local. El primero es Uruguay, pero no es fácil aislarse de los otros dos”, o “Necesitamos que nuestros jugadores se focalicen en el partido con Uruguay. No podemos pensar en Brasil, sin pasar primero en el duelo de mañana”, o mejor: “Los tres juegos son diferentes. La obligatoriedad está en los tres. Debemos ser inteligentes con ese deseo de reivindicarnos después de lo que pasó en Barranquilla, y eso se logra jugando”, pues la lógica y menos el deseo de sumar no va a funcionar.

Esto no es de ambigüedades y el señor Reinaldo Rueda supo en qué se metió al decir ‘sí’ a una selección luego del ‘capricho’ de varios que se autoproclaman los mejores de la historia del fútbol colombiano, así que el objetivo es el mismo de hace meses y no hay que mirar con retrovisor: “Somos conscientes de la posición en la que estamos. Fue lo primero que hice con el grupo, revisar la tabla para tener esa situación presente y poder lograr el objetivo de clasificar al Mundial”, dijo en la ‘rueda’ de prensa este miércoles, así que no venga con ‘protocolos’ Rueda.

O ahí sí, la estrategia ‘se va para la porra’, a lo cual confirma que el fútbol es eso, una esencia, un juego, de talento y magia, en el que se gana, se empata o se pierde, y no una avalancha de conceptos que pretenden mostrarlo como una ciencia, para decir que se es el mejor entrenador por decir que ‘perder es ganar un poco’, como se atrevió a decirlo por años un ‘Pacho’ Maturana, que para qué, ganó al menos la primera Libertadores y la única Copa Am´érica para Colombia.

“Necesitamos que nuestros jugadores se focalicen en el partido con Uruguay. No podemos pensar en Brasil, sin pasar primero en el duelo de mañana”; es decir que primero es lunes que martes, sabio; o: “Todos estos juegos son bien sensibles y quirúrgicos. Los puntos en disputa son determinantes para nosotros, más que estamos en deuda. Queremos sumar al máximo”; ¡vaya!, ¿y para qué se contrató?; “Uruguay ha venido evolucionando y creciendo, tienen una camada de jugadores jóvenes que están aportando en la selección. Todas sus características las hemos ido analizando”; ¿en serio?, ¿y ese no es su trabajo?; o la máxima: “Hoy vamos intentar ensayar varias disposiciones tácticas, hemos estado analizando cuál puede ser la mejor variante en la parte ofensiva, que nos permita sacar la diferencia en goles”, pues don Reinaldo, el fútbol, se reitera, se gana es con goles, así que su labor es más que seguir alimentando el debate de los banales programas ‘mediáticos’ de análisis de esas cadenas deportivas, en las que la ‘opinadera’ es réplica de un ‘chiringuito’ a lo ‘Laura en América’.

Y sí, no ‘abran los ojos’, porque si no lo sabían, el raiting se alimenta de públicos ansiosos por tener esperanzas de resultados positivos, en especial de la cadena de la escalera ‘Caracol’. Este jueves, si Colombia pierde en Montevideo, pues saldrán esos y más avezados analistas a decir que ‘tú, tranquilo’, porque hay seis puntos más en disputa para salvar la triple fecha de octubre, de cara a la eliminatoria a Qatar… ¿Por qué?, ¡porque usted y yo somos su público, y los grandes canales han pagado millones de dólares por los derechos de transmisión, y tienen la obligación de mantener la ilusión siempre encendida en el hincha, así los resultados digan lo contrario!, o si no, la audiencia apaga el televisor.

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